Tu mayor enemigo tiene tu rostro
Un enemigo se define por ser un opositor o contrario a alguien o algo.
Puede ser una persona, cosa o situación, dependiendo de cada caso, éste se convertirá en un obstáculo para conseguir un objetivo.
En la vida cristiana siempre nos encontraremos con diferentes tipos de enemigos. El mismo Señor Jesucristo nos dijo que el mundo nos aborrecería por causa de su nombre.
Sin embargo sabemos que todos los cristianos tenemos un enemigo en común, el cual se llama diablo.
En Juan 10:10, el Señor Jesús, referiéndose a satanás, nos dice:
«El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia».
Ciertamente satanás es un gran adversario para el avance del Reino de Dios, el está constantemente atacando a la iglesia de Cristo, atacando tu vida, mas también sabemos que tenemos todo el poder y la autoridad dada por Dios, a través de nuestra fe en Jesucristo, para vencerle, dado que satanás ya fue derrotado en la cruz.
¿Entonces quién es el enemigo al que tienes que vencer y sus cuáles son sus debilidades?
Existe un enemigo mayor, ignorado por muchos, y al cual es necesario vencerlo día tras día.
Este enemigo tiene tu rostro. Sí, tu mayor enemigo eres tú misma.
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¿Sigues luchando con un pecado que no puedes dejar? Aunque estás consciente que te hace daño, ¿tus intentos por abandonar ese hábito siguen fallando?
Estamos tan mal acostumbrados a dejarnos dominar por nuestra mente carnal, que el pecado y los malos hábitos muchas veces nos siguen esclavizando.
Y te conviertes en tu mayor enemiga cuando tus propias debilidades no te dejan avanzar en el conocimiento del Señor y en tu propósito.
«Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis» .
Gálatas 5:17
Y esto les pasa a muchos cristianos. Aunque muchos digan que porque hicieron la oración de fe ya está todo resuelto, no es así.
Cuando venimos a Cristo, comienza un proceso de transformación y renovación de nuestra mente, el cual es voluntario, y tienes que poner de tu parte.
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» .
Romanos 12:2
Aquí lo dice muy claramente, necesitas ser transformada a través de la renovación de tu mente para conocer, entender, confirmar la perfecta voluntad de Dios.
Toma un momento para analizarte, y pensar en aquellas cosas que no te agradan y no has podido dejar.
¡Esto no tiene por qué seguir así!
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Romanos 8: 1-4
La clave está en no andar conforme a la carne, sino vivir conforme al Espíritu.
¿Cómo vencerte a ti misma?
Es necesario, que cada uno de esos pecados, malos hábitos que aún no has podido dejar, los lleves a la cruz, los confieses delante del Señor, renuncies a ellos de todo tu corazón y le pidas al Espíritu Santo su ayuda para cambiar.
Se trata de ir renovando tu mente, dejando de pensar y comportarte como te lo dicta el mundo, el sistema, la razón, sino conforme al corazón y a la justicia de Dios. Tomando control de tus pensamientos y sumergiéndote en la comunión con el Espíritu Santo.
Ahora empieza tu lucha contra ti misma, comienza cada mañana negándote a ti misma, crucificando tu carne y haciendo las cosas diferentes a como estabas acostumbrada. Sobre todo comienza a buscar las cosas del Espíritu, llénate de la palabra, adoración y oración.
Si tenías la mala costumbre de hablar mal de otros, cambia tus palabras y habla bien de ellos y bendícelos. Si era la mentira, cámbiala por la verdad. Si eran los celos, cambia esos pensamientos que te hacían sentir celos, por pensamientos que te hagan sentir segura y amada, y sobre todo, ¡no vuelvas a revisar su celular!
Y así, con cada mal hábito, mal pensamiento, transfórmalo.
Al principio no es fácil, pero en poco tiempo te acostumbrarás a la nueva tú.
Si te vences a ti misma, logras gobernar tus pensamientos, dejarás en desventaja al enemigo, porque no podrá manipularte nuevamente con sus dardos en tu mente.
Si aprendes a dominar tus pensamientos, y concentrarte en buscar las cosas del Espíritu, podrás dominar tu carne y no ser más esclava de ella.
Para crecer en el conocimiento de Dios, es necesario que tu espíritu aprenda primero a dominar tu carne.
Esto no es de la noche a la mañana, toma tiempo, es un proceso, y es un trabajo diario en el que tendrás que esforzarte para conseguirlo.
Muchas veces va a ser incomodo negarte a ti misma, ponerte altos, límites, sin embargo el resultado que obtendrás de vivir en plena libertad, será tu recompensa.
